Ayer vi Avatar, la última mega producción de James Cameron. Y disfruté como un enano. El 3D es sencillamente espectacular, la infografía es increible y, a pesar de algunas voces agoreras, la historia es bonita, muy bonita.
Mezclar con indudable acierto la épica de la SCIFI más actual, con un buen varapalo a los militares y grandes corporaciones, habitual en muchas de las películas más personales de Cameron, y una historia con claros tintes ecologistas, con un heroe con discapacidad física (en silla de ruedas), no deja de ser paradójico en esta producción de Hollywood.
La historia es una denuncia marcadamente ecológica del exterminio de los pueblos nativos para hacerse con sus recursos naturales. Historias que ya hemos visto en films como "La selva esmeralda" de John Boorman y que recogen en cine realidades como la que están perpetrando empresas transnacionales como la hidroeléctrica española Endesa contra el pueblo mapuche o la petrolera Shell en el delta del Niger, por citar algunas de las más conocidas y denunciadas.
Si le tengo que poner algún pero, es que el trailer de la película se centra mucho más en las escenas de acción que en las escenas más mágicas y preciosistas de la película, llevándonos a creer que estamos ante una cinta de acción total (y es cierto que la tiene, sobre todo la parte final) frente al film que cuenta una bonita historia de amor y de denuncia de las masacres de los pueblos indígenas por parte de las grandes empresas y su maquinaria militar.



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